Sobre los vocablos redundantes que acompañan al vocablo arquitectura

Es un problema de malos arquitectos. Los malos arquitectos se organizan siempre con temas secundarios. Dicen cosas del tipo: la arquitectura es sociología, es lenguaje, semántica, semiótica. Inventan la arquitectura inteligente (como si el Partenón fuese estúpido) y ahora, lo último es la arquitectura sostenible. Todo eso son complejos de la mala arquitectura. La arquitectura no tiene que ser sostenible. La arquitectura, para ser buena, lleva implícito el ser sostenible. Nunca puede haber una buena arquitectura estúpida. Un edificio en cuyo interior la gente muere de calor, por más elegante que sea será un fracaso. La preocupación por la sostenibilidad delata mediocridad. No se puede aplaudir un edificio porque sea sostenible. Sería como aplaudirlo porque se aguanta.

Dijo Eduardo Souto de Moura cuando le preguntaron si la sostenibilidad es un problema de ricos, delatando la falta de consecuencia de los arquitectos en general. (Al leerlo sentí que había convertido mis balbuceos en un párrafo inteligible, y agregado la firma de un Arquitecto con mayúscula, no de una estudiante mediocre.) Hoy, al toparme con Architecture for Humanity volví a caer en la cuenta de que la arquitectura debe de ser la disciplina menos comprometida con sus propios fundamentos. Desilusión, no hay otra palabra que pueda describir mejor mi experiencia con la carrera, o en el mejor escenario, con quienes ejercen la profesión. La labor de Architecture for Humanity me parece de lo más consecuente con el hacer arquitectura, pero es triste que tengan que caer en la redundancia del para la humanidad, diferenciándose así de la arquitectura de revistas y mentira que domina el inconsciente colectivo.

Así el mundo, sólo falta que aparezca la arquitectura habitable. Entonces me doy un tiro.