Sangrando por Dream Theater.
Esta entrada la tenía planeada hace rato, pero todo el show universitario, así como el rol en vivo, me obligaron a posponer su redacción. Ahora que el blog se a ligado al Movimiento por la Devolución no puedo continuar negligente. Este así se convierte en el inicio de una serie de entradas sobre discográficas y editoriales, software libre y cultura libre, Creative Commons y copyright, etc. Para quienes me leen desde hace tiempo, nada nuevo bajo el sol. Comenzemos.
Yo y Dream Theater.
Me encanta Dream Theater. Hace algo de tiempo me rebané literalmente un dedo (y de ahí el título de la entrada) mientras cortaba cartón por pensar en las ganas que tenía de escuchar Six Dregrees Of Inner Turbulence. Fue el primer grupo progresivo que me gustó, lo cual es mucho decir si consideramos que recuerdo una infancia cargada de rock progresivo y clásico (además de folclore), saliendo de Radio Futuro o de viejos casetes gravados y regrabados de mis padres, principalmente de mi padre. Desde Los Jaivas hasta Jethro Tull, pasando por Yes, Genesis, Gentle Giant, Congreso, King Crimson, Pink Floyd… Lo dejo hasta ahí, que seguro ya los estoy lateando.
Así, conocer a Dream Theater se ha convertido en toda una experiencia. No sólo me había topado con un conjunto de virtuosos que arrastran una discografía excelente, sino que además se convirtieron en el catalizador que me hizo digerir aquella exquisita tendencia musical que tal vez me permitía ignorar debido a la monotonía… Si es que el progresivo puede ser monótono. Pero me voy del tema. Dream Theater me encanta, y desde que comencé a escucharlos que ansío verlos en vivo y directo. Su música me eriza la piel, me emociona un montón, y poseer discos, pero no la experiencia de haber estado en uno de sus conciertos, llegaba a desesperarme… Me hacía soñar con un concierto, uno sólo, una vez en mi vida… Más debido a que su venida a Chile se ha convertido en un mito urbano, que arrastramos hace años, pero que, espero, morirá a fines del presente.
Ahora, dije que poseía sus discos. ¿Los poseo? De diez álbumes editados (sin considerar presentaciones en vivo), dos originales están en mis manos, los ocho restantes en el disco duro de mi PC. Algún día los tendré todos de forma física, igual que cuanto DVD lancen (de los cuales tengo uno), y borraré los archivos Ogg Vorbis. Pero esto no sucederá porque crea que es correcto comprar discos, sino porque soy materialista. En los discos no encuentro mayor utilidad. Los compro de materialista, como ya dije, y hasta hace un tiempo porque era mi manera de agradecer a los músicos su trabajo. Hoy no tengo más motivo que el manoseado materialismo. Después de todo la música no puede estar más viva que cuando se interpreta en vivo, y la industria discográfica no es más que un obsoleto medio de difusión.
El papel de las discográficas.
Hasta hace un tiempo hacían bien su trabajo:
En los años 30-40, al principio de la era discográfica, la música estaba en manos de orquestas (de jazz, de baile y clásicas), de las que surgirían los grupos y solistas pop-rock. En general, estas orquestas vivían de sus actuaciones esporádicas o en forma de contrato con un teatro o sala de fiestas; los discos (como los entendemos ahora) eran algo prohibitivo que sólo se podían permitir las orquestas clásicas para los oídos de la burguesía más adinerada.
Sin embargo, con el fenómeno de la popularización de la radio, el vinilo sirvió también como medio para difundir por las ondas la música de un artista/orquesta y darle publicidad para aumentar la asistencia a sus conciertos.
Con el acceso de las masas a pick-up’s baratos, se comprobó que el soporte publicitario (el disco) podía ser rentable por sí mismo y quedó inaugurada la era discográfica.
Comentario anónimo en República Internet
Pero hoy no necesitamos discográficas: ni los músicos ni la audiencia.
Pues bien, lo que Santa Rita da, Santa Rita quita. Si las condiciones sociales, económicas y tecnológicas en los años 40-50 permitieron el nacimiento de una nueva industria, las nuevas condiciones del siglo XXI simplemente no sostienen el negocio, y la música ha de volver a los planteamientos originales: música en directo y grabaciones (difundidas por Internet o en forma de CD, DVD, etc) como soporte publicitario.
Comentario anónimo en República Internet
Y no sólo no las necesitamos, llegan a ser nocivas. Basta ver las listas de éxitos para preguntarse como puede haber tanta mierda en los primeros puestos, mientras que mucha de la música que se precia mínimamente de serlo pasa como música desconocida. Alguien podría decir que es cuestión de gustos, y que con discográficas o sin ellas, siempre habrá mierda que se venda. Hasta cierto punto es verdad, y tal vez casos como el de Fiona Apple siempre han habido, y siempre habrán… A menos que no existiesen las discográficas. Y de nuevo me voy del tema.
Cuando compramos discos sabemos que es lo que esperamos realmente de ellos: oírlos. Más allá del artwork (que personalmente bien poco interesa), el librito con las letras, o que se convierta el lugar para conseguir el autógrafo de sus autores. En sí mismos no tienen ningún valor más que el de ser medios de almacenamiento. Si no fuese así, la piratería de música no existiría porque efectivamente el disco sí tendría valor como tal, como objeto palpable, y quienes pudiésemos permitirnos su adquisición lo haríamos sin pensar en la cuneta más cercana, o en la red P2P favorita, como es mi caso. Todos sabemos que el valor real está en el contenido, en la música, en aquello que no podemos tocar, por lo cual no importa si la oímos en un CD original o copiado, por radio o descargando los archivos vía Internet.
Y supongo además que habrán quienes coincidan en que la propia música envasada no tiene valor cuando nos enfrentamos a un concierto.
Sangrando por la música en vivo.
Estamos acostumbrados, o al menos yo lo estoy, a asignarle valor a las cosas según cúanto cuestan en el mercado, siendo así el dinero el elemento cultural que absorbe el valor de todo lo demás. Sin embargo, la situación se invierte cuando deseamos algo con ahínco. Entonces nos preguntamos cuánto estamos dispuestos a pagar, y es cuando recién apreciamos, de una manera ficticia, el valor de las cosas.
Se supone que el 6 de diciembre Dream Theater se presentará en el Velódromo del Estadio Nacional. La imagen es una digitalización de mi entrada, que compré apenas me enteré de que estaban en venta. Costó $18.500, cuando yo me preparaba a pagar el doble, y estaba dispuesta a desenvolsar aún más. Como ya dije, la música no está mas viva que cuando es ejecutada en vivo, y su reproducción desde grabaciones no es más que el consuelo que nos queda, porque no todos los días puede haber concierto. Cada vez que toca Calenda Maia y me puedo permitir asistir, ahí estoy, a pesar de que tengo sus dos álbumes originales, y los puedo escuchar cuantas veces quiera. Cada vez que haya concierto de algún grupo extranjero por el que me muera asistir, ahí estaré, y cuando me pueda permitir viajar para verlos, lo haré. No soy la única ni la primera, o Woodstock no hubiese sido posible. No hay nada nuevo bajo el sol:
Los artistas terminan aprendiendo, con esfuerzo, que el dinero viene de las entradas de los recitales y de las remeras, y no de vender discos. Esa es la lección: uno construye una marca a lo largo del tiempo y puede vender la marca aunque no pueda vender los álbumes

Octubre 20th, 2005 at 2:05
Pues espero que lo pases en grande con todas las de la ley. Como bien he comentado ya en mi weblog, me voy con un amigo a verlos a Milán. La historia ha hecho que las entradas costaran sobre unos cincuenta euros, pero bueh…
La verdad es que aunque parezca mentira no soy persona de conciertos. Pero algo hay, una vez que escuhas a DreamTheater -y te gusta, claro está-, que te empuja a querer ver un concierto suyo las más de las veces en tu vida.
No es sólo la magia del directo. Es sólo que tal como tú dices, los álbumes sólo sirven para consolarse en este caso, para tener un botón de muestra. Ver un directo de Dream Theater es olvidarse de los discos que ya tienen y asistir a uno nuevo y único en cada concierto, porque amén de que las setlist cambien en todos y cada uno, todas las improvisaciones son también distintas.
En resumidas cuentas: me alegro de que vayas a verlos y espero que lo disfrutes tanto como yo ya he disfrutado alguna vez ;D
Octubre 27th, 2008 at 1:27
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