MamoNarnia.

Mi escritorio narniano en KDETenía esta entrada planeada desde hace rato, desde antes que saliera fuera de Santiago, desde el viernes 6 de enero, cuando regresé feliz a mi casa luego de haber visto la adaptación cinematográfica del primer tomo de una de las sagas literarias fantásticas que a más temprana edad conocí, y por la cual siento un cariño especial. Se titularía De regreso a Narnia, y planeaba ligar el, para entonces reciente estreno, con mi primer viaje al maravilloso mundo que se encuentra al otro lado del ropero, o del cuadro, o quien sabe donde. Un viaje que claramente no puedo situar, pero de seguro realicé cuando mi edad no superaba los 7 años, porque cuando mi mamá empezó a trabajar y en el colegio me dieron los primeros libros a leer (con su correspondiente evaluación posterior), ella dejó de acompañarnos todas la noches antes de dormir con texto en mano. De hecho mis recuerdos son bastante vagos, y antes de que releyera Las Crónicas de Narnia del primer al séptimo tomo hace unos 2 años, apenas y las recordaba. Creo que la imagen más clara que guardaba desde la mágica época en que mi madre me leyó desde cuentos hasta algún libro sobre vida animal en alguna parte del mundo (que tenía que simplificar con sus propias palabras) es la farol en medio de la nieve. De ahí que ahora mi escritorio, tanto en KDE como Gnome sea tan blanco.

Sin embargo, el sabor de la película fue tan dulce que hace tres días leí por cuarta vez El León, la Bruja y el Ropero, y ayer con la compañía de algunos amigos fui al cine a repetirme el plato. Y sí, Fosco tenía razón, La película es mamona, como toda adaptación literaria de Disney: Peter Pan es mamona (pero igual me gusta), La Sirenita es mamona, La Bella Durmiente (del bosque) es mamona ¡y todas son mamonas! A todas les falta aquel elemento que los adultos se empeñan en quitarle a los cuentos de hadas por temor a herir la susceptibilidad de los niños, como si fueran estúpidos. Razón tenía Tolkien para odiar dichos estudios y negarse a que adaptaran su obra.

Creo que a nadie se le ocurriría pensar en una batalla o en un sacrificio sin sangre. La primera vez que vi la película consideré su ausencia como un detalle menor, sin embargo, al pasar nuevamente las páginas me encontré con que las batallas son asuntos muy feos (sobre todo si hay mujeres) y el sacrificio implica dolor. La sangre es intrínseca en situaciones como estas, y ningún niño de 6 años se va a traumatizar por ver charcos rojos en la pantalla. Yo al menos no me traumaticé al imaginarlos, y puedo asegurar que la imaginación es mucho más poderosa al momento de transmitir sensaciones que la sucesión de imágenes. De ahí que sea incapaz de leer novelas gráficas (o comics), que no me gusten las ediciones de los libros ilustradas y que a mis 20 años leer que los enemigos, con terrible violencia, tiraron de las cuerdas en tal forma que éstas penetraron su carne me siga causando dolor.

Incluso diálogos que dotan de solemnidad a la historia, o incluso transmiten un reproche que se materializan en enseñanza fueron suprimidos en pos de una versión melosa a cagar, como comenta un anónimo en Sushi Knights.

Pero con todo, la película me fascino. Debe ser que soy muy mamona, porque en ambas ocasiones me sacó lágrimas (más en la primera), o quizás, sigo siendo una niña amante de la televisión. Omitiré toda referencia a la música porque el pantallazo publicado y mi perfil en Last.fm me delatan. Más me centraré en la interpretación de Susan, pues contrario a lo Barbara piensa (también en Sushi Knights), la actuación de los niños me pareció genial, y el enfoque que le dieron al personaje antes mencionado me parece de lo más acertado. De aquí en adelante el texto contiene spoilers, tanto de la melosa adaptación como de los tomos I, II y VII. Por lo que si quieren leer mis comentarios finales pueden saltar a ellos directamente.

Y es que Susan era mi personaje favorito, por un motivo bastante pueril: Father Christmas le regala un arco con un carcaj lleno de flechas. Siempre me ha gustado la arquería, una táctica de batalla que si bien en la Edad Media no era el paradigma de la nobleza, dotaba a sus practicantes de un encanto particular. Robin Hood es uno de los personajes literarios que más me gustan por el mismo motivo que los elfos de Tolkien: son nobles y elegantes a pesar de su práctica subrepticia. En el caso de Susan, no recuerdo que haya aprovechado en ocasión alguna la ventaja que brindan un arco y un árbol donde esconderse, pero mi memoria es pésima y puedo meter la pata. Sin embargo en Narnia se convierte en una arquera fenomenal, y si no me equivoco, en El Príncipe Caspian se permite bajar manzanas de un árbol. Un detalle pueril como había dicho, suficiente para que, de ir a Narnia, yo quisiera ser como ella.

Pero su final es trágico, literalmente más trágico que la muerte, y eso a Lewis jamás se lo perdonaré. No hay una sola ocasión que recuerde, en la cual se hablara de un niña con ansias de crecer, ni mediante narración, ni mediante sus actos. Más aún, lo duro que la afectan los sentimientos que la melancolía de Aslan le transmiten antes de ser sacrificado es tal, que me parece inverosímil cambie tanto en los años venideros, y más aún, que crea que sus aventuras en Narnia ¡eran producto de su imaginación! El no retorno de Susan en el tomo VII me parece más un apurado recurso que Lewis empleó para transmitir su mensaje cristiano, que el destino que ella se merecía. Es decir, una circunstancia forzada por el autor. Una decisión que jamás le perdonaré.

Pero una decisión que se materializó en el fin de su historia, y que llevaron a Disney, supongo, a trabajar la personalidad del personaje de una forma mucho más coherente con el destino que le aguarda, cuando la adaptación del último tomo aparezca en la gran pantalla. Porque dudo que el caramelo chorree tanto como para hacer regresar a Susan, aún cuando se lo merece. La vemos entonces en El León, la Bruja y el Ropero, como una niña que a sus 12 años quiere ser mayor, proyectándose así misma como la madre suplente de sus hermanos (incluso del más grande), o como la más lista de los cuatro. La que piensa que el Castor no debiese hablar porque es un Castor, y la que no puede creer reciba regalos de un tipo gordo vestido de rojo.

Fin del spoiler.

Las partes suprimidas no me parecieron tan graves, las inventadas para nada desatinadas, y el cambio en los sucesos del descubrimiento de Narnia mucho más acorde con el ritmo cinematográfico. Por supuesto que nada se de cine.

Finalmente, el ropero se veía mejor en el trailer.