Archive for the ‘Derechos de autor’ Category

Tan obvio que…

Lunes, Mayo 5th, 2008

Bajé The Slip de Nine Inch Niles en FLAC, lo escuché un rato, me aburrió, y la cosa casi queda ahí de no ser por la entrada de Claudio que acabo de leer. Es que es tan obvio, que se me olvidó que hay gente que aún crée que el arte nació amarrado a un modelo de negocios que, si bien fue útil, hoy y maña da asco.

…También se me olvida que Pachelbel o los Strauß vivieron de vender grabaciones

Plan Horizonte.

Sábado, Enero 28th, 2006

A través de un correo electrónico enviado a la lista de Creative Commons Chile me enteré del Plan Horizonte sobre gestión de derechos de autor presentado el 7 de octubre de 2002 por los respectivos presidentes de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD); de la Sociedad de Autores Nacionales de Teatro, Cine y Audio Visuales (ATN); de la Sociedad de Gestión de los Creadores de Imagen Fija (CREAIMAGEN); de la Sociedad de Derechos Literarios (SADEL); de la Corporación de Actores de Chile (CHILEACTORES) y de la Sociedad Chilena de Intérpretes (SCI). Este forma parte de las Iniciativas Bicentenario, de las cuales se espera que contribuyan al desarrollo de Chile, desde las más diversas perspectivas.

Según sus encargados

El Plan Horizonte es el proyecto de los autores, artistas y creadores chilenos para enfrentar los desafíos que la Sociedad de la Información impone en el terreno cultural; garantizar la protección de los derechos autorales y de intérpretes en una cultura digitalizada, y generar una industria cultural de vocación exportadora.

O en otras palabras: pretende asegurar el porvenir futuro de una industria que en la era de la información resulta incompetente, obsoleta e innecesaria. Cito otro fragmento de la Introducción del documento Propuesta de los creadores, intérpretes
y autores chilenos a la Comisión Bicentenario
, presentado el 6 de abril de 2003, que muestra el grado de abuso al cual se pretende llegar:

Además, el proyecto plantea cambios legislativos, como ampliar el plazo de protección de las obras artísticas de 50 a 70 años; rescatar los derechos autorales de las obras que ya han caído en dominio público (como Gabriela Mistral y Vicente Huidobro) y la creación de nuevos derechos de acuerdo a las tecnologías digitales.

Respecto a la primera idea, gracias al tratado de libre comercio con Estados Unidos el plazo ya se extendió a 70 años. En cuanto a la segunda me pregunto, ¿para quién van a rescatar esos derechos autorales? Y más importante aún ¿de qué los van a rescatar? La tercera resulta Orwelliana, como describió al plan ClaudioG hace un tiempo.

Finalmente, la pregunta ¿para quién van a rescatar esos derechos autorales? es contestada con la información disponible en la web del Bicentenario. Bajo el título Quienes se beneficiaran con esta iniciativa: hay un elocuente y blanco vacío, un salto a la otra sección. Captura disponible en Flickr para la posteridad.

Como dijo Italo Neira en respuesta a la entrada de ClaudioG que ya mencioné: Este horizonte es como el que se dice imaginaban los europeos antes de Colon: el fin del océano y un negro abismo sin fondo.

Sobre el Taller Legal Para Bloggers.

Domingo, Noviembre 13th, 2005

Tras dar vueltas por Santiago, como si no fuésemos oriundas de dicha ciudad, con Mapcity en mano, Zaki y quien escribe llegamos a la recién inaugurada Biblioteca de Santiago, donde se desarrolló el primer Taller Legal Para Bloggers. Cuando Claudio me preguntó vía Jabber que esperaba del Taller, le contesté en una primera instancia Aprender mucho mucho mucho. Mediante exposiciones clarísimas, las expectativas que tenía fueron cumplidas, a pesar de los problemas iniciales que tuvo el audio, y principalmente la falta de tiempo.

Durante la mesa redonda, que, como comentó Andrés, giro en torno al periodismo y los blogs, o más ampliamente, sobre los blogs y su inmersión en el mundo de las tradicionales fuentes de información (bibliotecas incluidas). Algunas opiniones vertidas las consideré cuestionables, principalmente el creer que los blogs son el futuro de la web, y el usarlos para aquello que no fueron diseñados. Lamentablemente no hubo tiempo para preguntas, menos para comentarios, por lo cual prometo una entrada con el título ya definido: Los blogs no son el (único) medio. En el transcurso de la misma fue agradable también que Miguel Paz mencionara a David (a quien agradezco el espacio y distribución de WordPress cedidos en La Matriz para mantener A través del monitor) , y sus notas sobre el swarming.

Posteriormente tuvieron lugar las exposiciones sobre libertad de expresión, responsabilidad, injurias/calumnias; derecho de autor y Creative Commons; privacidad en Internet y temas laborales. Todas clarísimas y elocuentes, pero para las cuales tampoco fue posible cederles, salvo a la primera, una ronda de preguntas. Aún así eran un bombardeo de información, que, tal como hará Andrés, aplicaré en mis blogs.

Sólo queda agradecer el trabajo desarrollado por la Corporación, que desde mi punto de vista, fue tremendamente fructífero. Una sola queja: para la otra, que hayan poleras talla S y con corte para mujer: con Zakito nos quedamos con las ganas de comprarnos una, y a mi de verdad me daba lata pensar en mandarlas a arreglar. Igual me traje souvenirs, pero mi materialismo compulsivo me pedía más.

Finalmente, fue un gusto conocer a Andrés, de cuyos artículos he aprendido bastante; y encontrarme otra vez con Lukas, a quien conocí durante las idas a la Moneda en protesta a Mi Primer PC.

Y por supuesto, miren la guía.

Sangrando por Dream Theater.

Miércoles, Octubre 19th, 2005

Esta entrada la tenía planeada hace rato, pero todo el show universitario, así como el rol en vivo, me obligaron a posponer su redacción. Ahora que el blog se a ligado al Movimiento por la Devolución no puedo continuar negligente. Este así se convierte en el inicio de una serie de entradas sobre discográficas y editoriales, software libre y cultura libre, Creative Commons y copyright, etc. Para quienes me leen desde hace tiempo, nada nuevo bajo el sol. Comenzemos.

Yo y Dream Theater.

Me encanta Dream Theater. Hace algo de tiempo me rebané literalmente un dedo (y de ahí el título de la entrada) mientras cortaba cartón por pensar en las ganas que tenía de escuchar Six Dregrees Of Inner Turbulence. Fue el primer grupo progresivo que me gustó, lo cual es mucho decir si consideramos que recuerdo una infancia cargada de rock progresivo y clásico (además de folclore), saliendo de Radio Futuro o de viejos casetes gravados y regrabados de mis padres, principalmente de mi padre. Desde Los Jaivas hasta Jethro Tull, pasando por Yes, Genesis, Gentle Giant, Congreso, King Crimson, Pink Floyd… Lo dejo hasta ahí, que seguro ya los estoy lateando.

Así, conocer a Dream Theater se ha convertido en toda una experiencia. No sólo me había topado con un conjunto de virtuosos que arrastran una discografía excelente, sino que además se convirtieron en el catalizador que me hizo digerir aquella exquisita tendencia musical que tal vez me permitía ignorar debido a la monotonía… Si es que el progresivo puede ser monótono. Pero me voy del tema. Dream Theater me encanta, y desde que comencé a escucharlos que ansío verlos en vivo y directo. Su música me eriza la piel, me emociona un montón, y poseer discos, pero no la experiencia de haber estado en uno de sus conciertos, llegaba a desesperarme… Me hacía soñar con un concierto, uno sólo, una vez en mi vida… Más debido a que su venida a Chile se ha convertido en un mito urbano, que arrastramos hace años, pero que, espero, morirá a fines del presente.

Ahora, dije que poseía sus discos. ¿Los poseo? De diez álbumes editados (sin considerar presentaciones en vivo), dos originales están en mis manos, los ocho restantes en el disco duro de mi PC. Algún día los tendré todos de forma física, igual que cuanto DVD lancen (de los cuales tengo uno), y borraré los archivos Ogg Vorbis. Pero esto no sucederá porque crea que es correcto comprar discos, sino porque soy materialista. En los discos no encuentro mayor utilidad. Los compro de materialista, como ya dije, y hasta hace un tiempo porque era mi manera de agradecer a los músicos su trabajo. Hoy no tengo más motivo que el manoseado materialismo. Después de todo la música no puede estar más viva que cuando se interpreta en vivo, y la industria discográfica no es más que un obsoleto medio de difusión.

El papel de las discográficas.

Hasta hace un tiempo hacían bien su trabajo:

En los años 30-40, al principio de la era discográfica, la música estaba en manos de orquestas (de jazz, de baile y clásicas), de las que surgirían los grupos y solistas pop-rock. En general, estas orquestas vivían de sus actuaciones esporádicas o en forma de contrato con un teatro o sala de fiestas; los discos (como los entendemos ahora) eran algo prohibitivo que sólo se podían permitir las orquestas clásicas para los oídos de la burguesía más adinerada.

Sin embargo, con el fenómeno de la popularización de la radio, el vinilo sirvió también como medio para difundir por las ondas la música de un artista/orquesta y darle publicidad para aumentar la asistencia a sus conciertos.

Con el acceso de las masas a pick-up’s baratos, se comprobó que el soporte publicitario (el disco) podía ser rentable por sí mismo y quedó inaugurada la era discográfica.

Comentario anónimo en República Internet

Pero hoy no necesitamos discográficas: ni los músicos ni la audiencia.

Pues bien, lo que Santa Rita da, Santa Rita quita. Si las condiciones sociales, económicas y tecnológicas en los años 40-50 permitieron el nacimiento de una nueva industria, las nuevas condiciones del siglo XXI simplemente no sostienen el negocio, y la música ha de volver a los planteamientos originales: música en directo y grabaciones (difundidas por Internet o en forma de CD, DVD, etc) como soporte publicitario.

Comentario anónimo en República Internet

Y no sólo no las necesitamos, llegan a ser nocivas. Basta ver las listas de éxitos para preguntarse como puede haber tanta mierda en los primeros puestos, mientras que mucha de la música que se precia mínimamente de serlo pasa como música desconocida. Alguien podría decir que es cuestión de gustos, y que con discográficas o sin ellas, siempre habrá mierda que se venda. Hasta cierto punto es verdad, y tal vez casos como el de Fiona Apple siempre han habido, y siempre habrán… A menos que no existiesen las discográficas. Y de nuevo me voy del tema.

Cuando compramos discos sabemos que es lo que esperamos realmente de ellos: oírlos. Más allá del artwork (que personalmente bien poco interesa), el librito con las letras, o que se convierta el lugar para conseguir el autógrafo de sus autores. En sí mismos no tienen ningún valor más que el de ser medios de almacenamiento. Si no fuese así, la piratería de música no existiría porque efectivamente el disco sí tendría valor como tal, como objeto palpable, y quienes pudiésemos permitirnos su adquisición lo haríamos sin pensar en la cuneta más cercana, o en la red P2P favorita, como es mi caso. Todos sabemos que el valor real está en el contenido, en la música, en aquello que no podemos tocar, por lo cual no importa si la oímos en un CD original o copiado, por radio o descargando los archivos vía Internet.

Y supongo además que habrán quienes coincidan en que la propia música envasada no tiene valor cuando nos enfrentamos a un concierto.

Sangrando por la música en vivo.

Estamos acostumbrados, o al menos yo lo estoy, a asignarle valor a las cosas según cúanto cuestan en el mercado, siendo así el dinero el elemento cultural que absorbe el valor de todo lo demás. Sin embargo, la situación se invierte cuando deseamos algo con ahínco. Entonces nos preguntamos cuánto estamos dispuestos a pagar, y es cuando recién apreciamos, de una manera ficticia, el valor de las cosas.

Mi entrada al concierto de Dream Theater

Se supone que el 6 de diciembre Dream Theater se presentará en el Velódromo del Estadio Nacional. La imagen es una digitalización de mi entrada, que compré apenas me enteré de que estaban en venta. Costó $18.500, cuando yo me preparaba a pagar el doble, y estaba dispuesta a desenvolsar aún más. Como ya dije, la música no está mas viva que cuando es ejecutada en vivo, y su reproducción desde grabaciones no es más que el consuelo que nos queda, porque no todos los días puede haber concierto. Cada vez que toca Calenda Maia y me puedo permitir asistir, ahí estoy, a pesar de que tengo sus dos álbumes originales, y los puedo escuchar cuantas veces quiera. Cada vez que haya concierto de algún grupo extranjero por el que me muera asistir, ahí estaré, y cuando me pueda permitir viajar para verlos, lo haré. No soy la única ni la primera, o Woodstock no hubiese sido posible. No hay nada nuevo bajo el sol:

Los artistas terminan aprendiendo, con esfuerzo, que el dinero viene de las entradas de los recitales y de las remeras, y no de vender discos. Esa es la lección: uno construye una marca a lo largo del tiempo y puede vender la marca aunque no pueda vender los álbumes

Taller legal para bloggers.

Lunes, Octubre 17th, 2005

Taller legal para bloggers, 12 de noviembre

La Corporación Derechos Digitales con la colaboración de la Biblioteca de Santiago, Creative Commons Chile, Lom Ediciones y el Colegio de Bibliotecarios de Chile nos invita al Primer Taller Legal para Bloggers, que se realizará el día el 12 de noviembre a partir de las 11 de la mañana en la Biblioteca de Santiago, la cual se inagurará el día anterior.

La actividad es gratuita, pero los cupos son limitados (uno, espero, ya contado como el de mi persona), por lo cual es necesaria la inscripción vía web.

Espero nos veamos por allá.

Demo de Public Domain bajo Atribbution-ShareAlike.

Domingo, Septiembre 18th, 2005

Vía Elástico.net me enteré de Public Domain, el demo de Tryad. Catalogar música no es algo que me guste, y esto principalmente se debe a lo dificultoso que es. ¿Es Blackmore’s Night más folk que rock? ¿Y es más medieval que renacentista? ¿Y Haggard, es más metal que sinfónico? O ¿basta etiquetar a Devil Doll como rock progresivo? Y Mike Oldfield ¿es sólo new age? O ¿no es acaso a veces considerado aveces como el inventor del rock sinfónico? ¿Y sus canciones pop ochenteras? Después hay que preguntarse dónde están los límites del new age, metal, rock sinfónico… Definitivamente, no es una actividad que me llame la atención. Así que no podría catalogar a Tryad, ni establecer similitudes con otros músicos. Sin embargo, luego de la ingente decepción que ha sido escuchar Romance del mencionado Mike Oldfield (y es que hacer techno es demasiado eclectisismo para una sóla persona), puedo afirmar que Public Domain ha significado un grato descubrimiento.

Y no sólo en el ámbito musical: Public Domain es el primer segundo (el primero fue el álbum Composisiones en Guitarra de Tomás Pollak) conjunto de canciones que me gusta al tiempo que se encuentra bajo una licencia de Creative Commons. Y no cualquier licencia: nada menos que Attribution-ShareAlike (2.5). Según yo, la mejor de todas (la misma a la cual están sujetos el contenido de mis blogs y fotografías).

Disponible para descargar en el sitio oficial, en formatos MP3 y Vorbis. Sobra decir que el segundo no sólo es superior al primero técnicamente, sino que además está libre de patentes y se encuentra en el dominio público (eso pueden tomarlo como un usen archivos *.ogg).